martes, 30 de mayo de 2017

Regina Mizrahi....

En Shavuot !!!!
Shavuot (?·i) es la segunda de las tres fiestas de peregrinaje del Judaísmo (Shalosh Regalim - שלוש רגלים). La festividad acaece el 6 de Siván del calendario hebreo, exactamente 7 semanas después del segundo día de Pésaj (16 de Abib o Nisán). ... Es por esto que la festividad también es llamada la Fiesta de las Primicias.
Historia de Shavuot ..
Los hijos de Israel eran guiados durante su viaje en el desierto, por el "Amud hanán" — la Columna de Nubes. Esta, según sus movimientos, les indicaba si debían marchar o acampar.
De pronto, comenzó a revolotear sobre ellos y luego quedó quieta. Los hijos de Israel miraron hacia arriba y comprendieron que habían recibido la señal para detenerse y 'armar' el campamento. Habían llegado al Monte Sinaí, el que en el futuro tanto significaría para ellos.
De inmediato comenzó a desplegarse una febril actividad que abarcaba a todos, tanto jóvenes como ancianos. Rápidamente se ocuparon en preparar las carpas y habituarse al nuevo lugar.
Una impresionante emoción embargaba sus corazones. Sabían que estaban prontos a enfrentar el momento más grande de sus vidas, y todo su empeño estaba dirigido a que cada día que transcurriera los acercara más a ese instante.
Sí, pues el tiempo puede ser medido no sólo por el calendario, sino también por lo que ponemos y logramos en los días y semanas que pasan.
Hacía solo seis semanas que habían abandonado Egipto, y sin embargo, cuán diferentes parecían todos ahora.
Habían desaparecido las líneas de ansiedad que antes surcaran sus frentes; ya no se veía aquel enfermizo color que la vida de esclavitud en Egipto había llevado a sus rostros; también había desaparecido esa usual expresión desesperada y de profunda miseria, que había opacado sus miradas.
En cambio, una nueva luz brillaba en sus ojos — la de la esperanza, de expectación, de ansiedad. El "Maná" los había alimentado tan bien, que sus antes flacas caras se presentaban nuevamente llenas y lozanas.
Física y mentalmente, los hijos de Israel habían mejorado increíble- mente en el corto espacio de seis semanas.
Ahora, aquí estaban, atareados todos en ordenar sus tiendas recién armadas. Los pequeños, en un intento de ser serviciales, eran más un estorbo que una efectiva ayuda, impacientando a sus mayores:
—Niños, ¿por qué no lleváis el ganado a pastar? —les decían sus mayores, para quitárselos de encima.
— ¿Cómo podemos? ¿Acaso pueden pastar nuestros rebaños en las arenas calientes del desierto? —protestaron ellos.
—Llevad el ganado hasta el pie del Monte Sinaí. Mirad qué hermoso y verde crece allí el pasto. Mas, pase lo que pase, aseguraos de no poner pie sobre esa sagrada montaña, pues Di-s Todopoderoso mismo caminará por sus laderas cuando El nos obsequie con Su sagrada Torá, el próximo día de Shabat. Sed cuidadosos y no lo olvidéis!
—Mamá, ¿qué es esa 'Torá' de la que tanto me hablas? —preguntó una delgada vocecita.
—Bueno, mi niño. La Torá es... es... es... no sabré exactamente lo que es hasta que la recibamos. Pero eso sí, niños, puedo aseguraros que la Torá es el regalo más precioso y magnífico que nos haya dado Di-s jamás. Ahora, no me molestéis más. Vamos, vamos ¿no veis que estoy ocupada?
El sol brillaba con todo su esplendor y una maravillosa atmósfera de paz habíase extendido en derredor, mientras los niños estaban felizmente recostados sobre la arena blanda.
Estaban a la sombra de este magnífico Monte Sinaí, acerca del cual habían escuchado historias tan emocionantes, y todos hablaban al mismo tiempo.
Habían cumplido con el deber de cuidar del ganado, que todavía continuaba mordiendo tranquilamente el abundante pasto verde a sus pies.
Los niños se sintieron libres para dedicar un rato al ocio y la conversación.
— ¿Dónde están esas galletas de "Maná"? —preguntó uno de los pequeños, sintiéndose hambriento repentinamente.
—Aquí tienes —replicó otro, extrayendo una enorme bolsa llena de galletas.
—Tienen buen aspecto, gracias —dijo un tercero, mientras las galletas eran repartidas.
Por unos momentos masticaron en silencio, y entonces uno de ellos dijo lenta y pensativamente:
—Nunca tuvimos galletas tan ricas en Egipto. ¡Se hace difícil creer que solo hace seis semanas que dejamos ese odioso lugar!
— ¡Esos brutos nos daban golpes, en vez de galletas! —dijo otro.
—Mataron a mi pobre hermano, mezclándolo con el cemento en la pared de un edificio, esos monstruos infames —exclamó un tercero, con lágrimas en los ojos al revivir el recuerdo.
—No pienses ya en eso. Todos esos malvados egipcios han pagado ya por su crueldad con sus propias vidas —lo consoló otro— ¿Se acuerdan cómo nos imploraron por un vaso de agua?
— ¿Y las demás pestes? Esos sapos... ¡Ahj! Esos egipcios se deben haber sentido como sapos también!
Todos los niños irrumpieron en sonoras carcajadas mientras uno de ellos brincaba sobre sus manos y comenzaba a dar saltos como un sapo.
—No era divertido ver cómo, siempre que un egipcio ponía la mano en su bolsillo, había allí un pegajoso sapo? Se ponía sus sandalias… y su pie encontraba un horrible sapo. Quería comer su cena... pero un sapo saltaba dentro de la olla. ¡Suficiente como para volverse loco! Sapos en su ropa, sapos en la comida, sapos hasta en su cama. Por todas partes, esos sapos pegajosos y saltarines.
—Esas pestes deben haber enseñado una buena lección a los egipcios.
—Olvidemos a esos horribles egipcios y hablemos de otra cosa. Y ahora que mencionaron 'lección', recuerdo que mi padre me estaba explicando que la Torá que nos será dada en este Monte Sinaí significa 'Enseñanza'; también quiere decir 'mostrar'.
—Mi madre le cantó una hermosa y nueva canción de cuna a mi hermanito, el otro día —dijo uno de los niños—. Es así:
Duérmete Israel, tus lindos ojos debes cerrar
Sabio, muy sabio has de crecer. Debes aprender, además de jugar.
Algunos gustan de los placeres mundanos, y no saben dónde hallarlos mas nosotros sabemos que de nuestros tesoros, La Torá es el más valioso...
El muchacho dejó de cantar.
— ¡Vamos, vamos, continúa que es muy buena! —lo apremiaron los demás.
—Lo siento... Me he olvidado el resto —dijo el muchacho, con expresión preocupada
—Con una memoria así, ¿cómo esperas poder recordar la Torá? —se burlaron los otros niños.
—Me pregunto si Di-s mismo nos dará la Torá —murmuró uno.
— ¡Claro! ¿No has visto cómo El dividió el Mar Rojo en doce pasajes para que todos pudiéramos llegar a tierra firme?
— ¿Quizás Di-s también divida el Monte Sinaí? —preguntó otro.
— ¿Para qué se hacen tantas preguntas? Si Di-s quiere, dividirá la montaña, y si no quiere no lo hará. ¡Y eso es todo!
Un muchacho proveniente del campamento se acercó corriendo hacia el grupo, dando voces.
— ¡Hola muchachos! ¡Adivinen lo que escuché! Dicen que al día siguiente de haber recibido la Torá, el Shabat próximo, todos nosotros debemos ir al "Jeder" —la escuela hebrea tradicional— para estudiarla! ¿Qué les parece? ¡Creo que tendremos muchísimo para aprender, por todos los años que hemos perdido!
—Y quién nos va a enseñar? —preguntó un muchacho.
—Los Levitas serán nuestros maestros.
— ¡Viva! —gritaron todos al unísono.
—Pero, ¿quién enseñará a los Levitas? —preguntó inteligentemente otro niño.
Los Levitas serán nuestros maestros.
— ¡Viva! —gritaron todos al unísono.
—Pero, ¿quién enseñará a los Levitas? —preguntó inteligentemente otro niño.
—Los setenta Ancianos —contestó el recién llegado.
— ¿Y quién enseñará a los Ancianos?
— Aharón el Sacerdote.
— ¿Y quién le enseñará a él?
— Moisés, nuestro líder.
— ¿Y quién enseñará a Moisés?
— ¡Di-s Todopoderoso enseñará a nuestro líder Moisés!
— Pues entonces, muchachos, de nosotros depende que la enseñanza de la Torá no se pierda. ¿La estudiaremos y cumpliremos sus preceptos?
Todos los niños se incorporaron, miraron hacia el Monte Sinaí con respeto y reverencia, y gritaron con firmeza:
— ¡Guardaremos la Torá y sabremos apreciarla!
Un Regalo para Todos
Las buenas nuevas de que Di-s se aprestaba a entregar la Torá a los hijos de Israel, circularon por todo el campamento.
Moisés había advertido a su pueblo que se preparase para el gran evento — la Revelación de Di-s en el Monte Sinaí. Pues en esos días debían mantenerse puros y santos, y entonces recibirían el regalo Divino.
Moisés, deseoso de ver cómo se preparaban sus hermanos para recibir la Torá, resolvió hacer una gira por el campamento. Pasó por las tiendas de los Tzadikím (justos) y vio que estaban alegres, festejando.
— ¿A qué se debe tanto júbilo? —preguntó Moisés.
— ¿Cómo es posible que tú, de entre todos los hombres, querido Maestro, lo preguntéis? — exclamaron los Justos— ¿Podríamos, acaso, recibir mayor regalo de Di-s? ¿Cómo podríamos adorar a Di-s sin él? ¿Y cómo podríamos vivir y ser verdaderamente felices sin la Torá? ¡No es de extrañar, pues, que estemos contentos!
—Bien dicho —dijo Moisés, aprobando sus palabras. —Vosotros, mis justos y piadosos hermanos, estáis en lo cierto al regocijaros con la Torá.
Moisés continuó su camino, y se detuvo cerca de las tiendas de los Letrados. Ellos también estaban festejando, felices.
—Qué causa esta alegría? —preguntó Moisés a los Letrados.
— ¡Nos alegramos con la Torá, naturalmente! —fue la respuesta.
Amen.
Regina Mizrahi-30 de mayo de 2017.

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