La Realpolitik del Primer Ministro
Aarón Alboukrek
Con un pequeño y prodigioso libro de Levinas a mi lado, en su francés exquisito, y transportando en mis palabras su evocación ineludible, habría que preguntarse en un español urgente: ¿Dónde está hoy día la obra espiritual del judaísmo para el Primer Ministro israelí? ¿Está en su existencia misma, es decir en las vivencias inagotables; en el sermón reproduciendo su apostolado hacia el infinito exegético de sus materias; en el discurso político que defiende el valor identitario de un estado-nación judío?
Difícil de responder si no se le pregunta de forma directa, pero como la situación me sería materialmente imposible, sólo podría hipotetizar, a la luz de su judaísmo guerrero y de su indiscutible lugar en la historia, que esa obra estaría en las tres esferas, todas relacionadas de alguna manera. No sobra decir que el primer ministro proviene de un linaje culto y dedicado a la formalización intelectual e histórica.
A la luz de la filosofía, mezclar estas tres esferas no sería muy acertado como para poder estructurar un pensamiento con lógica impecable y asir en un tiempo histórico dado su particularidad esencial, quizás el Primer Ministro no contestaría como lo propongo, pero sí lo hiciese así nos diría de la importancia que revestiría para él la magnánima obra espiritual del pueblo judío y su reflejo en el Estado de Israel del que está orgulloso. Entonces, si esa fuese su respuesta, yo no tendría porqué insistir, como lo haré, con la pregunta y su apremio, pues de abarcar todo al unísono en su mente gubernativa generaría una idea mas o menos clara para todos del lugar de esa gran obra, sin demasiadas paradojas o contradicciones severas.
La materia de esta nota está en relación a dos aspectos: antisemitismo y realpolitik. No abordaré otro constituyente posible de esa materia, como se deducirá fácilmente, entre bendición y acto político, pues me desviaría de lo esencial aquí, aunque es tema de la mayor relevancia social, política y filosófica.
El 20 de mayo pasado, apareció un artículo publicado en Le Monde firmado por el historiador Jean Pierre Filiu en cuyo título se hace referencia a los amigos antisemitas del presidente norteamericano en Jerusalén, y en el que puntualiza los antecedentes antisemitas de los dos pastores de la extrema derecha evangelista que ofrecieron las palabras de su respeto o respaldo religioso al evento de la nueva embajada norteamericana, es decir, su bendición.
El artículo menciona que uno de ellos dijo, en ocasiones diferentes que “Hitler era en parte judío”, que, “Hitler era un instrumento de un designio divino superior”, que Hitler era el “cazador” contra los pecadores que menciona el profeta Jeremías. Del otro, que “no se puede ser salvado siendo judío”, o que “la fe en el judaísmo conduce directamente al infierno”.
¿No sabía el Primer Ministro de todo esto? El Estado de Israel es la Memoria Institucionalizada del horror sufrido por el pueblo judío en el Holocausto y de la historia en general de la infamia y cobardía antisemitas a través del tiempo. No en vano, el gobierno de Israel no pierde la oportunidad, nunca, de señalar un acto antisemita, verbal o fáctico, en cualquier lugar de la Tierra, tal es su responsabilidad autoimpuesta y tal la obsesa presencia de la muerte en su corazón institucional por el racismo psicopático contra la historia vivencial del pueblo judío.
¿La realpolitik abre las excepciones en el propio seno de la luz irradiada por los profetas reactualizados en la Declaración de Independencia de Israel?
¿La realpolititik puede acoger a los detractores de la obra espiritual del judaísmo?
¿Cómo abordar esta bendición evangélica histórica? Pregunto de nuevo, ¿dónde está hoy día la obra espiritual del judaísmo para el Primer Ministro israelí? Y agrego: ¿Dónde está esa obra para los israelíes y para los judíos del mundo?
El tiempo apremia para Israel y el pueblo judío, no así para el Primer Ministro que ya pasó a la Historia.- Aurora...
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