El Tapado
Por: Elizabeth Burgos
El hijo de Raúl Castro, Alejandro Castro Espín, se perfila como el heredero seguro de su padre, después del paso a retiro de Raúl, anunciado para el 24 de febrero 2018. Su preparación para preservar la continuidad de los Castro es un plan trazado desde hace años, como se desprende de ese artículo de la mejor conocedora de los secretos de las cúpulas cubanas.
PARA quienes le damos seguimiento a la evolución del poder cubano, las revelaciones del jerarca de la Iglesia católica cubana, Jaime Ortega de que el hijo del general Raúl Castro, Alejando Castro Espín, fue el interlocutor y representante del régimen en las negociaciones secretas que condujeron al deshielo entre Estados Unidos y el régimen castrista en diciembre 2014, no es una sorpresa.
Lo llamativo del hechoEl Tapado
PARA quienes le damos seguimiento a la evolución del poder cubano, las revelaciones del jerarca de la Iglesia católica cubana, Jaime Ortega de que el hijo del general Raúl Castro, Alejando Castro Espín, fue el interlocutor y representante del régimen en las negociaciones secretas que condujeron al deshielo entre Estados Unidos y el régimen castrista en diciembre 2014, no es una sorpresa.
Lo llamativo del hechoEl Tapado
Por: Elizabeth Burgos
El hijo de Raúl Castro, Alejandro Castro Espín, se perfila como el heredero seguro de su padre, después del paso a retiro de Raúl, anunciado para el 24 de febrero 2018. Su preparación para preservar la continuidad de los Castro es un plan trazado desde hace años, como se desprende de ese artículo de la mejor conocedora de los secretos de las cúpulas cubanas.
PARA quienes le damos seguimiento a la evolución del poder cubano, las revelaciones del jerarca de la Iglesia católica cubana, Jaime Ortega de que el hijo del general Raúl Castro, Alejando Castro Espín, fue el interlocutor y representante del régimen en las negociaciones secretas que condujeron al deshielo entre Estados Unidos y el régimen castrista en diciembre 2014, no es una sorpresa.
Lo llamativo del hecho, es que mediante la “iniciativa” del prelado cubano, y en Nueva York lo que tampoco es casual, ha sido la confirmación de la voluntad del poder cubano, del papel preponderante otorgado a la Iglesia y al Vaticano del Papa, jesuita y argentino, de actuar como intermediarios en su hábil y sutil política internacional. (Eso lo debería entender la oposición venezolana y le daría la clave del “toque técnico” de Maduro en el Vaticano que desactivó la campaña por el referéndum). De paso, la colaboración estrecha con la jerarquía de la Iglesia cubana, le permite utilizar su influencia, como agente moderador ante la oposición cubana, en su mayoría de tendencia demócrata cristiana. (El papa durante su viaje a Cuba, se negó a recibir familiares de los presos y menos aún, a miembros de la oposición). El segundo aspecto de la declaración neoyorquina del prelado, es que se hizo pública en Cuba en la revista vocera de la Iglesia, Espacio Laical, y no en el Granma, el medio oficial del gobierno.
Lo cual ha sido una manera sutil de ir preparando la opinión pública cubana al papel preponderante del hijo de Raúl Castro en el futuro poder cubano. No es una imposición del gobierno, es la Iglesia, la que administra la píldora a la población y a los que tengan alguna ambición de mando.
Por cierto, una de las revelaciones que demuestran la cercanía y familiaridad entre el poder cubano y el Vaticano, fue la elección de la fecha para comunicar al mundo el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre EE.UU. y Cuba: 17 de diciembre, cumpleaños del papa Francisco. No olvidar, que gracias a la intermediación del poder cubano se realizó la reunión entre el Papa Francisco y el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, estableciendo una relación rota tras el cisma que separó a ortodoxos y católicos desde el año 1050. En el portal digital español, de tendencia de la teología de la liberación, se publicó en febrero 2016, a propósito de la estructura que deberá tomar el próximo poder cubano y que traduce hacia donde se dirigen las simpatías de la tendencia de izquierda que hoy rige en el Vaticano, cito : “El nombre que más suena es el coronel Alejandro Castro Espín, el benjamín de la Junta Militar, pero primero debe ser promovido al Comité Central del Partido Comunista y posteriormente al Buró Político. Si eso ocurre, podremos decir que se trata del posible heredero de Raúl Castro en 2018.
Podríamos afirmar, que el anuncio del cardenal Ortega es parte de lo que correspondería a una campaña electoral en un país democrático. En Cuba, lo que se percibe, a un año de la entrega del general Raúl Castro de su cargo al frente del gobierno y del estado, (febrero 2018), pero conservando sus atribuciones de Secretario General del Partido Comunista (PCC) y con ella, la potestad para modificar o vetar cualquier medida que decidan las nuevas autoridades - es la estructuración del poder que seguirá rigiendo los destinos de la isla, y por ende, los de Venezuela.
Después de todo, elevar al rango del ejercicio del poder real, al hijo del general Castro, no es un hecho excepcional, pues se inscribe en la dinámica que Fidel Castro le imprimió a su régimen, nombrando a su hermano desde 1959, como su sucesor , decisión que se ha cumplido al pie de la letra y se amolda a la manera monárquica que Fidel Castro le imprimió a su papel de caudillo vitalicio y a la continuidad del modelo del régimen.
En realidad, desde que Raúl Castro asumió el poder en 2006, se dedicó a desmontar el circulo de incondicionales creado por su hermano Fidel, que ejercía actividades tanto políticas, como ilegales. Pero para no chocar con los fidelistas y con los históricos, montó un poder paralelo, al igual que lo hizo su hermano en 1959 cuando, obligados por los pactos firmados durante la lucha contra Batista, Castro se vio forzado a aceptar a Manuel Urrutia y Miró Cardona, como presidente y vicepresidente respectivamente.
Si nos detenemos en la cronología desde que apareció el teniente-coronel del Ministerio del Interior (Minint), Alejandro Castro Espín, a la luz pública, debemos remontarnos al 2006, cuando por enfermedad del Líder Máximo, éste le confió la presidencia interina del consejo de Ministros a su hermano Raúl, el cual le confió su agenda a su hijo, además de filtrar las propuestas de sus ministros. Es decir, el poder de influencia mayor dentro del aparato del gobierno.. En 2008, cuando su padre fue ratificado en el poder supremo de la isla, su hijo está a su lado.
En el puesto clave de Ministro del interior, Raúl Castro nombró a un octogenario enfermo, que murió en el cargo. El verdadero operador de este ente clave en la estructura del poder y de control del país, es la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional que preside Alejandro Castro Espín, creada a la medida de su papel.
Luego, en todos los desplazamientos del general
padre, Castro Espín lo ha acompañado siempre. En 2014, cuando la liberación de los “cinco héroes” (agentes de inteligencia cubanos presos en EE.UU), fue Castro Espín quien acudió a recibirlos al aeropuerto. En 2015, asiste a la cumbre de las Américas en Panamá. En la histórica entrevista de Barack Obama y Raúl Castro en el Palacio de la revolución La Habana, siempre estuvo Alejandro Castro Espín presente.
Si las elites que conformaron el poder en Cuba a partir de 1959 tuvieron su legitimidad en la gesta militar, como buen alumno de los jesuitas, Fidel Castro supo que para perennizar el poder, era necesario establecer un modo de circulación de las elites. Creo la escuela Lenin para formar los hijos de los miembros del poder. El aspecto militar sigue prevaleciendo en la elite, pero también debe llenar la condición de letrados. Castro Espín posee ambos. Es autor de un libro que desde su publicación en La Habana, en 2009, un año después de asumir el poder su padre, publicado por la editorial del Minint, titulado, Imperio del Terror. El precio del poder, ha sido traducido al árabe, inglés, griego, francés, chino. El ensayo que demuestra la nocividad del poder de EEUU, sin matices y sin contexto -para él no existe diferencia entre Lincoln, Jefferson, Bush, Reagan, Obama- ha dado lugar a que Castro Espín recorra las capitales del mundo en donde Cuba posee redes de apoyo. Una de las afirmaciones de Castro Espín en su obra, es la teoría del complot muy en boga en el mundo árabe: sostiene que los atentados del 11 de septiembre de 2001 responden “a una autoagresión orquestada o permitida” para justificar la dinámica belicista elegida por el expresidente George W Bush del atentado a las Torres Gemelas. No fue casual que el primer lugar donde acudió a presentar la obra fuera Moscú en noviembre 2012. En aquella ocasión, otorgó la única entrevista que hasta ahora ha acordado a un medio (RTN - español en 2012 en Moscú) y declaró que “la lucha armada es obsoleta en estos momentos porque existen medios que antes eran de la oligarquía, de los que ahora disponemos”. Luego prosiguieron presentaciones del libro en varios países. Lo presentó personalmente en Atenas en 2015. La edición francesa se presentó en París este 29 de marzo en la Casa de América Latina.
A Moscú volvió en 2014 presidiendo la Comisión para la Seguridad y Defensa Nacional de Cuba a firmar un acuerdo de seguridad y de cooperación “sobre seguridad e inteligencia entre Cuba y Rusia”. Es “un instrumento de cooperación eficaz para responder a cuestiones sensibles. El memorando podrá definir prioridades para la cooperación y garantizar la protección eficaz de los dos Estados”, - declaró entonces Castro Espín.
Prosiguiendo con la “campaña electoral” , he aquí que ha surgido recientemente ¡en Nueva York,! un comité de Apoyo a la Candidatura del “Diputado Alejandro Castro Espín a la Presidencia de la República de Cuba. (“utilizando los medios que antes eran de la oligarquía”), lanzada por ArgosIs-internacional, supuestamente una agencia de información de carácter social con sede en Miami. Igualmente, se celebró en una Universidad neoyorquina. También acaba de celebrarse un Foro de solidaridad con Cuba en Nueva York, promoviendo las visitas de personalidades “voceros de la realidad cubana para contrarrestar la imagen creada contra Cuba por personas que se oponen a la revolución”.
Una de las resoluciones, a mi parecer la única importante, anunciada en su informe final por Raúl Castro en la clausura del VII Congreso del PCC en abril 2016, fue el anuncio de la reforma de la Constitución. Reforma que puede conllevar una fórmula de poder nueva en la que se dividan las responsabilidades de los cargos, hasta ahora ocupados por Fidel Castro y luego por Raúl Castro. Difícil concebir que el supuesto sucesor, Miguel Díaz Canel, que ni siquiera es militar, pueda detentar todos los cargos de poder que tenían hasta ahora los hermanos Castro.
PARA quienes le damos seguimiento a la evolución del poder cubano, las revelaciones del jerarca de la Iglesia católica cubana, Jaime Ortega de que el hijo del general Raúl Castro, Alejando Castro Espín, fue el interlocutor y representante del régimen en las negociaciones secretas que condujeron al deshielo entre Estados Unidos y el régimen castrista en diciembre 2014, no es una sorpresa.
Lo llamativo del hecho, es que mediante la “iniciativa” del prelado cubano, y en Nueva York lo que tampoco es casual, ha sido la confirmación de la voluntad del poder cubano, del papel preponderante otorgado a la Iglesia y al Vaticano del Papa, jesuita y argentino, de actuar como intermediarios en su hábil y sutil política internacional. (Eso lo debería entender la oposición venezolana y le daría la clave del “toque técnico” de Maduro en el Vaticano que desactivó la campaña por el referéndum). De paso, la colaboración estrecha con la jerarquía de la Iglesia cubana, le permite utilizar su influencia, como agente moderador ante la oposición cubana, en su mayoría de tendencia demócrata cristiana. (El papa durante su viaje a Cuba, se negó a recibir familiares de los presos y menos aún, a miembros de la oposición). El segundo aspecto de la declaración neoyorquina del prelado, es que se hizo pública en Cuba en la revista vocera de la Iglesia, Espacio Laical, y no en el Granma, el medio oficial del gobierno.
Lo cual ha sido una manera sutil de ir preparando la opinión pública cubana al papel preponderante del hijo de Raúl Castro en el futuro poder cubano. No es una imposición del gobierno, es la Iglesia, la que administra la píldora a la población y a los que tengan alguna ambición de mando.
Por cierto, una de las revelaciones que demuestran la cercanía y familiaridad entre el poder cubano y el Vaticano, fue la elección de la fecha para comunicar al mundo el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre EE.UU. y Cuba: 17 de diciembre, cumpleaños del papa Francisco. No olvidar, que gracias a la intermediación del poder cubano se realizó la reunión entre el Papa Francisco y el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, estableciendo una relación rota tras el cisma que separó a ortodoxos y católicos desde el año 1050. En el portal digital español, de tendencia de la teología de la liberación, se publicó en febrero 2016, a propósito de la estructura que deberá tomar el próximo poder cubano y que traduce hacia donde se dirigen las simpatías de la tendencia de izquierda que hoy rige en el Vaticano, cito : “El nombre que más suena es el coronel Alejandro Castro Espín, el benjamín de la Junta Militar, pero primero debe ser promovido al Comité Central del Partido Comunista y posteriormente al Buró Político. Si eso ocurre, podremos decir que se trata del posible heredero de Raúl Castro en 2018.
Podríamos afirmar, que el anuncio del cardenal Ortega es parte de lo que correspondería a una campaña electoral en un país democrático. En Cuba, lo que se percibe, a un año de la entrega del general Raúl Castro de su cargo al frente del gobierno y del estado, (febrero 2018), pero conservando sus atribuciones de Secretario General del Partido Comunista (PCC) y con ella, la potestad para modificar o vetar cualquier medida que decidan las nuevas autoridades - es la estructuración del poder que seguirá rigiendo los destinos de la isla, y por ende, los de Venezuela.
Después de todo, elevar al rango del ejercicio del poder real, al hijo del general Castro, no es un hecho excepcional, pues se inscribe en la dinámica que Fidel Castro le imprimió a su régimen, nombrando a su hermano desde 1959, como su sucesor , decisión que se ha cumplido al pie de la letra y se amolda a la manera monárquica que Fidel Castro le imprimió a su papel de caudillo vitalicio y a la continuidad del modelo del régimen.
En realidad, desde que Raúl Castro asumió el poder en 2006, se dedicó a desmontar el circulo de incondicionales creado por su hermano Fidel, que ejercía actividades tanto políticas, como ilegales. Pero para no chocar con los fidelistas y con los históricos, montó un poder paralelo, al igual que lo hizo su hermano en 1959 cuando, obligados por los pactos firmados durante la lucha contra Batista, Castro se vio forzado a aceptar a Manuel Urrutia y Miró Cardona, como presidente y vicepresidente respectivamente.
Si nos detenemos en la cronología desde que apareció el teniente-coronel del Ministerio del Interior (Minint), Alejandro Castro Espín, a la luz pública, debemos remontarnos al 2006, cuando por enfermedad del Líder Máximo, éste le confió la presidencia interina del consejo de Ministros a su hermano Raúl, el cual le confió su agenda a su hijo, además de filtrar las propuestas de sus ministros. Es decir, el poder de influencia mayor dentro del aparato del gobierno.. En 2008, cuando su padre fue ratificado en el poder supremo de la isla, su hijo está a su lado.
En el puesto clave de Ministro del interior, Raúl Castro nombró a un octogenario enfermo, que murió en el cargo. El verdadero operador de este ente clave en la estructura del poder y de control del país, es la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional que preside Alejandro Castro Espín, creada a la medida de su papel.
Luego, en todos los desplazamientos del general
padre, Castro Espín lo ha acompañado siempre. En 2014, cuando la liberación de los “cinco héroes” (agentes de inteligencia cubanos presos en EE.UU), fue Castro Espín quien acudió a recibirlos al aeropuerto. En 2015, asiste a la cumbre de las Américas en Panamá. En la histórica entrevista de Barack Obama y Raúl Castro en el Palacio de la revolución La Habana, siempre estuvo Alejandro Castro Espín presente.
Si las elites que conformaron el poder en Cuba a partir de 1959 tuvieron su legitimidad en la gesta militar, como buen alumno de los jesuitas, Fidel Castro supo que para perennizar el poder, era necesario establecer un modo de circulación de las elites. Creo la escuela Lenin para formar los hijos de los miembros del poder. El aspecto militar sigue prevaleciendo en la elite, pero también debe llenar la condición de letrados. Castro Espín posee ambos. Es autor de un libro que desde su publicación en La Habana, en 2009, un año después de asumir el poder su padre, publicado por la editorial del Minint, titulado, Imperio del Terror. El precio del poder, ha sido traducido al árabe, inglés, griego, francés, chino. El ensayo que demuestra la nocividad del poder de EEUU, sin matices y sin contexto -para él no existe diferencia entre Lincoln, Jefferson, Bush, Reagan, Obama- ha dado lugar a que Castro Espín recorra las capitales del mundo en donde Cuba posee redes de apoyo. Una de las afirmaciones de Castro Espín en su obra, es la teoría del complot muy en boga en el mundo árabe: sostiene que los atentados del 11 de septiembre de 2001 responden “a una autoagresión orquestada o permitida” para justificar la dinámica belicista elegida por el expresidente George W Bush del atentado a las Torres Gemelas. No fue casual que el primer lugar donde acudió a presentar la obra fuera Moscú en noviembre 2012. En aquella ocasión, otorgó la única entrevista que hasta ahora ha acordado a un medio (RTN - español en 2012 en Moscú) y declaró que “la lucha armada es obsoleta en estos momentos porque existen medios que antes eran de la oligarquía, de los que ahora disponemos”. Luego prosiguieron presentaciones del libro en varios países. Lo presentó personalmente en Atenas en 2015. La edición francesa se presentó en París este 29 de marzo en la Casa de América Latina.
A Moscú volvió en 2014 presidiendo la Comisión para la Seguridad y Defensa Nacional de Cuba a firmar un acuerdo de seguridad y de cooperación “sobre seguridad e inteligencia entre Cuba y Rusia”. Es “un instrumento de cooperación eficaz para responder a cuestiones sensibles. El memorando podrá definir prioridades para la cooperación y garantizar la protección eficaz de los dos Estados”, - declaró entonces Castro Espín.
Prosiguiendo con la “campaña electoral” , he aquí que ha surgido recientemente ¡en Nueva York,! un comité de Apoyo a la Candidatura del “Diputado Alejandro Castro Espín a la Presidencia de la República de Cuba. (“utilizando los medios que antes eran de la oligarquía”), lanzada por ArgosIs-internacional, supuestamente una agencia de información de carácter social con sede en Miami. Igualmente, se celebró en una Universidad neoyorquina. También acaba de celebrarse un Foro de solidaridad con Cuba en Nueva York, promoviendo las visitas de personalidades “voceros de la realidad cubana para contrarrestar la imagen creada contra Cuba por personas que se oponen a la revolución”.
Una de las resoluciones, a mi parecer la única importante, anunciada en su informe final por Raúl Castro en la clausura del VII Congreso del PCC en abril 2016, fue el anuncio de la reforma de la Constitución. Reforma que puede conllevar una fórmula de poder nueva en la que se dividan las responsabilidades de los cargos, hasta ahora ocupados por Fidel Castro y luego por Raúl Castro. Difícil concebir que el supuesto sucesor, Miguel Díaz Canel, que ni siquiera es militar, pueda detentar todos los cargos de poder que tenían hasta ahora los hermanos Castro.
Este es un año crucial para Cuba, puesto que en febrero 2018, Raúl Castro entrega el poder a su sucesor. El poder cubano necesita ganar tiempo para dedicarle los meses que restan a tejer la filigrana del poder. Luego podrá ocuparse del caso venezolano, indispensable para el castrismo en su empeño de poder continental. Parecería que hasta ahora, más ha adelantado en Colombia con las FARC., es que mediante la “iniciativa” del prelado cubano, y en Nueva York lo que tampoco es casual, ha sido la confirmación de la voluntad del poder cubano, del papel preponderante otorgado a la Iglesia y al Vaticano del Papa, jesuita y argentino, de actuar como intermediarios en su hábil y sutil política internacional. (Eso lo debería entender la oposición venezolana y le daría la clave del “toque técnico” de Maduro en el Vaticano que desactivó la campaña por el referéndum). De paso, la colaboración estrecha con la jerarquía de la Iglesia cubana, le permite utilizar su influencia, como agente moderador ante la oposición cubana, en su mayoría de tendencia demócrata cristiana. (El papa durante su viaje a Cuba, se negó a recibir familiares de los presos y menos aún, a miembros de la oposición). El segundo aspecto de la declaración neoyorquina del prelado, es que se hizo pública en Cuba en la revista vocera de la Iglesia, Espacio Laical, y no en el Granma, el medio oficial del gobierno.
Lo cual ha sido una manera sutil de ir preparando la opinión pública cubana al papel preponderante del hijo de Raúl Castro en el futuro poder cubano. No es una imposición del gobierno, es la Iglesia, la que administra la píldora a la población y a los que tengan alguna ambición de mando.
Por cierto, una de las revelaciones que demuestran la cercanía y familiaridad entre el poder cubano y el Vaticano, fue la elección de la fecha para comunicar al mundo el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre EE.UU. y Cuba: 17 de diciembre, cumpleaños del papa Francisco. No olvidar, que gracias a la intermediación del poder cubano se realizó la reunión entre el Papa Francisco y el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, estableciendo una relación rota tras el cisma que separó a ortodoxos y católicos desde el año 1050. En el portal digital español, de tendencia de la teología de la liberación, se publicó en febrero 2016, a propósito de la estructura que deberá tomar el próximo poder cubano y que traduce hacia donde se dirigen las simpatías de la tendencia de izquierda que hoy rige en el Vaticano, cito : “El nombre que más suena es el coronel Alejandro Castro Espín, el benjamín de la Junta Militar, pero primero debe ser promovido al Comité Central del Partido Comunista y posteriormente al Buró Político. Si eso ocurre, podremos decir que se trata del posible heredero de Raúl Castro en 2018.
Podríamos afirmar, que el anuncio del cardenal Ortega es parte de lo que correspondería a una campaña electoral en un país democrático. En Cuba, lo que se percibe, a un año de la entrega del general Raúl Castro de su cargo al frente del gobierno y del estado, (febrero 2018), pero conservando sus atribuciones de Secretario General del Partido Comunista (PCC) y con ella, la potestad para modificar o vetar cualquier medida que decidan las nuevas autoridades - es la estructuración del poder que seguirá rigiendo los destinos de la isla, y por ende, los de Venezuela.
Después de todo, elevar al rango del ejercicio del poder real, al hijo del general Castro, no es un hecho excepcional, pues se inscribe en la dinámica que Fidel Castro le imprimió a su régimen, nombrando a su hermano desde 1959, como su sucesor , decisión que se ha cumplido al pie de la letra y se amolda a la manera monárquica que Fidel Castro le imprimió a su papel de caudillo vitalicio y a la continuidad del modelo del régimen.
En realidad, desde que Raúl Castro asumió el poder en 2006, se dedicó a desmontar el circulo de incondicionales creado por su hermano Fidel, que ejercía actividades tanto políticas, como ilegales. Pero para no chocar con los fidelistas y con los históricos, montó un poder paralelo, al igual que lo hizo su hermano en 1959 cuando, obligados por los pactos firmados durante la lucha contra Batista, Castro se vio forzado a aceptar a Manuel Urrutia y Miró Cardona, como presidente y vicepresidente respectivamente.
Si nos detenemos en la cronología desde que apareció el teniente-coronel del Ministerio del Interior (Minint), Alejandro Castro Espín, a la luz pública, debemos remontarnos al 2006, cuando por enfermedad del Líder Máximo, éste le confió la presidencia interina del consejo de Ministros a su hermano Raúl, el cual le confió su agenda a su hijo, además de filtrar las propuestas de sus ministros. Es decir, el poder de influencia mayor dentro del aparato del gobierno.. En 2008, cuando su padre fue ratificado en el poder supremo de la isla, su hijo está a su lado.
En el puesto clave de Ministro del interior, Raúl Castro nombró a un octogenario enfermo, que murió en el cargo. El verdadero operador de este ente clave en la estructura del poder y de control del país, es la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional que preside Alejandro Castro Espín, creada a la medida de su papel.
Luego, en todos los desplazamientos del general
padre, Castro Espín lo ha acompañado siempre. En 2014, cuando la liberación de los “cinco héroes” (agentes de inteligencia cubanos presos en EE.UU), fue Castro Espín quien acudió a recibirlos al aeropuerto. En 2015, asiste a la cumbre de las Américas en Panamá. En la histórica entrevista de Barack Obama y Raúl Castro en el Palacio de la revolución La Habana, siempre estuvo Alejandro Castro Espín presente.
Si las elites que conformaron el poder en Cuba a partir de 1959 tuvieron su legitimidad en la gesta militar, como buen alumno de los jesuitas, Fidel Castro supo que para perennizar el poder, era necesario establecer un modo de circulación de las elites. Creo la escuela Lenin para formar los hijos de los miembros del poder. El aspecto militar sigue prevaleciendo en la elite, pero también debe llenar la condición de letrados. Castro Espín posee ambos. Es autor de un libro que desde su publicación en La Habana, en 2009, un año después de asumir el poder su padre, publicado por la editorial del Minint, titulado, Imperio del Terror. El precio del poder, ha sido traducido al árabe, inglés, griego, francés, chino. El ensayo que demuestra la nocividad del poder de EEUU, sin matices y sin contexto -para él no existe diferencia entre Lincoln, Jefferson, Bush, Reagan, Obama- ha dado lugar a que Castro Espín recorra las capitales del mundo en donde Cuba posee redes de apoyo. Una de las afirmaciones de Castro Espín en su obra, es la teoría del complot muy en boga en el mundo árabe: sostiene que los atentados del 11 de septiembre de 2001 responden “a una autoagresión orquestada o permitida” para justificar la dinámica belicista elegida por el expresidente George W Bush del atentado a las Torres Gemelas. No fue casual que el primer lugar donde acudió a presentar la obra fuera Moscú en noviembre 2012. En aquella ocasión, otorgó la única entrevista que hasta ahora ha acordado a un medio (RTN - español en 2012 en Moscú) y declaró que “la lucha armada es obsoleta en estos momentos porque existen medios que antes eran de la oligarquía, de los que ahora disponemos”. Luego prosiguieron presentaciones del libro en varios países. Lo presentó personalmente en Atenas en 2015. La edición francesa se presentó en París este 29 de marzo en la Casa de América Latina.
A Moscú volvió en 2014 presidiendo la Comisión para la Seguridad y Defensa Nacional de Cuba a firmar un acuerdo de seguridad y de cooperación “sobre seguridad e inteligencia entre Cuba y Rusia”. Es “un instrumento de cooperación eficaz para responder a cuestiones sensibles. El memorando podrá definir prioridades para la cooperación y garantizar la protección eficaz de los dos Estados”, - declaró entonces Castro Espín.
Prosiguiendo con la “campaña electoral” , he aquí que ha surgido recientemente ¡en Nueva York,! un comité de Apoyo a la Candidatura del “Diputado Alejandro Castro Espín a la Presidencia de la República de Cuba. (“utilizando los medios que antes eran de la oligarquía”), lanzada por ArgosIs-internacional, supuestamente una agencia de información de carácter social con sede en Miami. Igualmente, se celebró en una Universidad neoyorquina. También acaba de celebrarse un Foro de solidaridad con Cuba en Nueva York, promoviendo las visitas de personalidades “voceros de la realidad cubana para contrarrestar la imagen creada contra Cuba por personas que se oponen a la revolución”.
Una de las resoluciones, a mi parecer la única importante, anunciada en su informe final por Raúl Castro en la clausura del VII Congreso del PCC en abril 2016, fue el anuncio de la reforma de la Constitución. Reforma que puede conllevar una fórmula de poder nueva en la que se dividan las responsabilidades de los cargos, hasta ahora ocupados por Fidel Castro y luego por Raúl Castro. Difícil concebir que el supuesto sucesor, Miguel Díaz Canel, que ni siquiera es militar, pueda detentar todos los cargos de poder que tenían hasta ahora los hermanos Castro.
Este es un año crucial para Cuba, puesto que en febrero 2018, Raúl Castro entrega el poder a su sucesor. El poder cubano necesita ganar tiempo para dedicarle los meses que restan a tejer la filigrana del poder. Luego podrá ocuparse del caso venezolano, indispensable para el castrismo en su empeño de poder continental. Parecería que hasta ahora, más ha adelantado en Colombia con las FARC.
Lo cual ha sido una manera sutil de ir preparando la opinión pública cubana al papel preponderante del hijo de Raúl Castro en el futuro poder cubano. No es una imposición del gobierno, es la Iglesia, la que administra la píldora a la población y a los que tengan alguna ambición de mando.
Por cierto, una de las revelaciones que demuestran la cercanía y familiaridad entre el poder cubano y el Vaticano, fue la elección de la fecha para comunicar al mundo el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre EE.UU. y Cuba: 17 de diciembre, cumpleaños del papa Francisco. No olvidar, que gracias a la intermediación del poder cubano se realizó la reunión entre el Papa Francisco y el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Rusa, estableciendo una relación rota tras el cisma que separó a ortodoxos y católicos desde el año 1050. En el portal digital español, de tendencia de la teología de la liberación, se publicó en febrero 2016, a propósito de la estructura que deberá tomar el próximo poder cubano y que traduce hacia donde se dirigen las simpatías de la tendencia de izquierda que hoy rige en el Vaticano, cito : “El nombre que más suena es el coronel Alejandro Castro Espín, el benjamín de la Junta Militar, pero primero debe ser promovido al Comité Central del Partido Comunista y posteriormente al Buró Político. Si eso ocurre, podremos decir que se trata del posible heredero de Raúl Castro en 2018.
Podríamos afirmar, que el anuncio del cardenal Ortega es parte de lo que correspondería a una campaña electoral en un país democrático. En Cuba, lo que se percibe, a un año de la entrega del general Raúl Castro de su cargo al frente del gobierno y del estado, (febrero 2018), pero conservando sus atribuciones de Secretario General del Partido Comunista (PCC) y con ella, la potestad para modificar o vetar cualquier medida que decidan las nuevas autoridades - es la estructuración del poder que seguirá rigiendo los destinos de la isla, y por ende, los de Venezuela.
Después de todo, elevar al rango del ejercicio del poder real, al hijo del general Castro, no es un hecho excepcional, pues se inscribe en la dinámica que Fidel Castro le imprimió a su régimen, nombrando a su hermano desde 1959, como su sucesor , decisión que se ha cumplido al pie de la letra y se amolda a la manera monárquica que Fidel Castro le imprimió a su papel de caudillo vitalicio y a la continuidad del modelo del régimen.
En realidad, desde que Raúl Castro asumió el poder en 2006, se dedicó a desmontar el circulo de incondicionales creado por su hermano Fidel, que ejercía actividades tanto políticas, como ilegales. Pero para no chocar con los fidelistas y con los históricos, montó un poder paralelo, al igual que lo hizo su hermano en 1959 cuando, obligados por los pactos firmados durante la lucha contra Batista, Castro se vio forzado a aceptar a Manuel Urrutia y Miró Cardona, como presidente y vicepresidente respectivamente.
Si nos detenemos en la cronología desde que apareció el teniente-coronel del Ministerio del Interior (Minint), Alejandro Castro Espín, a la luz pública, debemos remontarnos al 2006, cuando por enfermedad del Líder Máximo, éste le confió la presidencia interina del consejo de Ministros a su hermano Raúl, el cual le confió su agenda a su hijo, además de filtrar las propuestas de sus ministros. Es decir, el poder de influencia mayor dentro del aparato del gobierno.. En 2008, cuando su padre fue ratificado en el poder supremo de la isla, su hijo está a su lado.
En el puesto clave de Ministro del interior, Raúl Castro nombró a un octogenario enfermo, que murió en el cargo. El verdadero operador de este ente clave en la estructura del poder y de control del país, es la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional que preside Alejandro Castro Espín, creada a la medida de su papel.
Luego, en todos los desplazamientos del general
padre, Castro Espín lo ha acompañado siempre. En 2014, cuando la liberación de los “cinco héroes” (agentes de inteligencia cubanos presos en EE.UU), fue Castro Espín quien acudió a recibirlos al aeropuerto. En 2015, asiste a la cumbre de las Américas en Panamá. En la histórica entrevista de Barack Obama y Raúl Castro en el Palacio de la revolución La Habana, siempre estuvo Alejandro Castro Espín presente.
Si las elites que conformaron el poder en Cuba a partir de 1959 tuvieron su legitimidad en la gesta militar, como buen alumno de los jesuitas, Fidel Castro supo que para perennizar el poder, era necesario establecer un modo de circulación de las elites. Creo la escuela Lenin para formar los hijos de los miembros del poder. El aspecto militar sigue prevaleciendo en la elite, pero también debe llenar la condición de letrados. Castro Espín posee ambos. Es autor de un libro que desde su publicación en La Habana, en 2009, un año después de asumir el poder su padre, publicado por la editorial del Minint, titulado, Imperio del Terror. El precio del poder, ha sido traducido al árabe, inglés, griego, francés, chino. El ensayo que demuestra la nocividad del poder de EEUU, sin matices y sin contexto -para él no existe diferencia entre Lincoln, Jefferson, Bush, Reagan, Obama- ha dado lugar a que Castro Espín recorra las capitales del mundo en donde Cuba posee redes de apoyo. Una de las afirmaciones de Castro Espín en su obra, es la teoría del complot muy en boga en el mundo árabe: sostiene que los atentados del 11 de septiembre de 2001 responden “a una autoagresión orquestada o permitida” para justificar la dinámica belicista elegida por el expresidente George W Bush del atentado a las Torres Gemelas. No fue casual que el primer lugar donde acudió a presentar la obra fuera Moscú en noviembre 2012. En aquella ocasión, otorgó la única entrevista que hasta ahora ha acordado a un medio (RTN - español en 2012 en Moscú) y declaró que “la lucha armada es obsoleta en estos momentos porque existen medios que antes eran de la oligarquía, de los que ahora disponemos”. Luego prosiguieron presentaciones del libro en varios países. Lo presentó personalmente en Atenas en 2015. La edición francesa se presentó en París este 29 de marzo en la Casa de América Latina.
A Moscú volvió en 2014 presidiendo la Comisión para la Seguridad y Defensa Nacional de Cuba a firmar un acuerdo de seguridad y de cooperación “sobre seguridad e inteligencia entre Cuba y Rusia”. Es “un instrumento de cooperación eficaz para responder a cuestiones sensibles. El memorando podrá definir prioridades para la cooperación y garantizar la protección eficaz de los dos Estados”, - declaró entonces Castro Espín.
Prosiguiendo con la “campaña electoral” , he aquí que ha surgido recientemente ¡en Nueva York,! un comité de Apoyo a la Candidatura del “Diputado Alejandro Castro Espín a la Presidencia de la República de Cuba. (“utilizando los medios que antes eran de la oligarquía”), lanzada por ArgosIs-internacional, supuestamente una agencia de información de carácter social con sede en Miami. Igualmente, se celebró en una Universidad neoyorquina. También acaba de celebrarse un Foro de solidaridad con Cuba en Nueva York, promoviendo las visitas de personalidades “voceros de la realidad cubana para contrarrestar la imagen creada contra Cuba por personas que se oponen a la revolución”.
Una de las resoluciones, a mi parecer la única importante, anunciada en su informe final por Raúl Castro en la clausura del VII Congreso del PCC en abril 2016, fue el anuncio de la reforma de la Constitución. Reforma que puede conllevar una fórmula de poder nueva en la que se dividan las responsabilidades de los cargos, hasta ahora ocupados por Fidel Castro y luego por Raúl Castro. Difícil concebir que el supuesto sucesor, Miguel Díaz Canel, que ni siquiera es militar, pueda detentar todos los cargos de poder que tenían hasta ahora los hermanos Castro.
Este es un año crucial para Cuba, puesto que en febrero 2018, Raúl Castro entrega el poder a su sucesor. El poder cubano necesita ganar tiempo para dedicarle los meses que restan a tejer la filigrana del poder. Luego podrá ocuparse del caso venezolano, indispensable para el castrismo en su empeño de poder continental. Parecería que hasta ahora, más ha adelantado en Colombia con las FARC.
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