jueves, 5 de abril de 2018

Esta foto la tomé la primera vez que me designaron “limpiador oficial de pocetas” del restaurante que más tarde, irónicamente, dirigí como jefe. !!!

Esta foto la tomé la primera vez que me designaron “limpiador oficial de pocetas” del restaurante que más tarde, irónicamente, dirigí como jefe. Se la envié a mi mamá por un mensaje de WhatsApp, diciéndole “mira qué giros da la vida; hace cuatro meses era coordinador de cátedra en una universidad pública en Venezuela y ahora estoy dialogando solo, dentro de un baño que huele a mierda”.

Al paso de cinco minutos, me llegó su respuesta: Figuras de caritas en lágrimas. Nada más. Esperé. Nada. Las circunstancias nos habían dejado mudos a ambos, por lo que apagué el teléfono y comencé a restregar. Jabón. Cloro. Pastillas desinfectantes. Agua caliente. Restregar. Así fue durante meses. Restriega, Gianni, hasta que quede bien prolijo, reluciente. Lo hacía con fuerza, recuerdo, como si la presión y rapidez de movimientos desahogara una especie de rencor interior; rabia por un país que, aparte de haberme echado al extranjero, sustituyó mis bolígrafos de estudios por materiales de conserjería.



La imagen puede contener: una persona, sonriendo, gafas, barba e interior

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