lunes, 2 de abril de 2018

La noche que Ramos Allup le tumbó el discurso a Maduro y enjuició a Hugo Chávez!!!


Por Juan Carlos Zapata.

-Me quedé corto. Pensé que iba a sed nada más la foto. Del adeco arriba y Maduro abajo. Resultó ser más que eso. Más para la oposición y Henry Ramos Allup; más para el país democrático y para el país que espera soluciones a la crisis; y menos para Maduro, el Chavismo C.A. y la estructura de poder. Dije en mi artículo La foto de mañana es la Nicolás Maduro abajo y el adeco arriba que el Presidente estaba obligado a pronunciar un discurso distinto, a la altura de un estadista, y no fue así. Desaprovechó la ocasión, aunque puede rescatarse de aquellas tres horas haber reconocido que los índices económicos anunciados por el BCV en la tarde del viernes eran catastróficos y el llamado a diálogo para superar la crisis.

La imagen, en cadena, era elocuente y Maduro la reforzaba otorgándole a Ramos Allup el título de jefe de la oposición. Por algún momento pensé que iba soltar lo del parlamento adeco burgués. No lo hizo. Sin embargo, las tantas menciones que hizo del presidente de la Asamblea Nacional llevaban implícitas el puntillazo, pues la idea de Maduro y el Chavismo C.A. es polarizar con lo que llaman el rostro del pasado: el adeco.

Entonces ocurrió lo inesperado. Ramos Allup tomó la palabra. Estaba acordado el evento. Lo que no, era la naturaleza del discurso del diputado que, para comenzar, tiene el mérito de que todo lo que dijo lo expresó ante el poder en pleno, y más allá. Ante Maduro, ante el TSJ, ante el CNE, ante todo el Consejo de Ministros, ante los gobernadores, ante toda la bancada roja, ante el Alto Mando Militar, ante el pueblo, que lo veía en cadena nacional. Los mejores 30 minutos de Ramos Allup. Mejores que los 15 minutos de la noche del Palacio de Miraflores. Y así como en aquella ocasión del 14 de abril de 2014 lo que la opinión pública recordaba era lo que le había dicho a Maduro y a Diosdado Cabello y a los militares, esta vez opacó y superó con creces el mensaje de un Presidente que poco tiene que defender como obra de Gobierno. Por ello KonZapata adelantó en un acertijo de la noche del viernes que después de lo dicho por Henry Ramos Allup nadie iba a recordar el discurso de Maduro.

De modo que decir lo que dijo ante el poder en pleno tiene ese impacto. Poco importaba que el control mediático no lo ayudara –como sí ocurrió con Maduro por el apoyo de los videos que había preparado-; pues aunque la cámara se limitaba a enfocar a Ramos Allup, este, sin embargo, con su estilo particular, describía y confirmaba lo que el audio ya nos ofrecía: las barras y diputados rojos intentando frenarlo, sabotearlo, descolocarlo. Pero como él mismo lo aclaró: Tiene mucho kilometraje en su haber para que puedan sacarlo de sus casillas.

La cámara no mostraba los rostros pétreos de Cilia Flores, Diosdado Cabello y Gladys Rodríguez. La cámara no mostraba que Tibisay Lucena contenía con esfuerzo la risa, y no por burla al diputado, sino porque la verdad dicha a quemarropa puede ocasionar el efecto de la carcajada nerviosa como mecanismo de protección. Pues a quemarropa, Ramos Allup, repito, ante el poder en pleno del chavismo, no solo le advirtió a Maduro que la sucesión de errores conduce a más errores y más graves; no solo reivindicó el origen soberano de la Presidencia de la República –que es unipersonal- y la Asamblea Nacional –que es plural y corporativa-, sino que, además, allí, a los demás poderes les recordó su naturaleza derivada por no decir subalterna, y que por tanto, ese foro, el Parlamento, iba a cumplir con las funciones constitucionales, entre otras, legislar y controlar.

Sí, el Chavismo C.A. estaba incómodo. La bancada roja no dejaba de estar incómoda. Y mientras Maduro aguantaba con estoicismo, Ramos Allup no dejaba de repetirle a los diputados del chavismo que o se tapaban lo oídos o tenía que irse pues él igual iba a decir lo que dijo. Por supuesto, nadie se fue. No esta vez. No podían dejar solo al Presidente, y este tampoco podía levantarse de la silla ni tampoco los demás poderes pues no iban a desdecir el acto de la comparecencia con el que reconocían la legitimidad de la Asamblea. De hecho, Maduro previamente había reconocido la mayoría parlamentaria, aunque la trató de circunstancial.

El caso es que a pesar de los intentos de desubicarlo, Ramos Allup le confirmó al Presidente la crisis “cotidiana” del país; la crisis de las empresas del Estado; la crisis del modelo; la falta de rectificación; y lo inútil que resulta llamar a diálogo cuando este no conduce a nada. De todas maneras, el presidente de la Asamblea Nacional, con la majestad que le confiere el cargo, le apuntó: Bienvenido el diálogo; pero un diálogo que tiene que ser permanente, fluido, (nada excepcional para que sea noticia), y que alcance resultados. O sea, la coincidencia está en la mesa. Lo que se desarrolle de aquí en adelante va a depender de la dirigencia opositora, del vicepresidente Ejecutivo, Aristóbulo Istúriz –Ramos Allup destacó su designación- y del propio Maduro, a quien el diputado le recordó que en el debate de abril de 2014 le aconsejó que tomara la iniciativa en aras de arribar a hechos concretos.

Hubo más. Difícil valorar qué era lo más importante. Pero Ramos Allup se atrevió lo que nadie había hecho en un foro de tal envergadura y en cadena nacional: enjuiciar a Chávez. Enjuiciar la gestión del extinto Presidente. Enjuiciar el estilo de gobernar. Enjuiciar cómo despilfarró los recursos petroleros. Y afirmar que la crisis que padece el país cuidado si con Chávez fuese hoy peor, más profunda. ¿Quién se ha atrevido a tanto? Pues claro que los diputados rojos protestaron tal herejía. Pero ya estaba dicho. Como dicho que Maduro había heredado esa crisis, las consecuencias de un modelo erróneo, “la cola de un proceso muy complejo”, y que ahora requiere rectificaciones.

Hay que afirmarlo. El rating de la cadena subía. El Chavismo C.A. no podía impedir la catarata de verdades. Verdades que empataban con el diagnóstico previo de Maduro. Lo cual nos lleva decir que entre el discurso de Maduro y el de Ramos Allup lo que quedó al desnudo fue la profundidad de la crisis y la ausencia de medidas.

El juicio a Chávez incluyó el Plan Bolívar 2.000 –al que algún día habrá que investigar, dijo- y el rezago en la construcción de viviendas que condujo a la creación de la Gran Misión Vivienda y aunque reivindicó –no tuvo empacho en ello- lo positivo del programa, también le dijo a Maduro que las viviendas no eran suyas ni de su condominio privado sino del pueblo, con lo cual pasó a respaldar el proyecto presentado por el jefe de la fracción parlamentaria de la MUD, Julio Borges, de otorgarle la propiedad a los beneficiarios de casas y apartamentos.

Ni en este tema ni en otros hubo medias tintas. Ramos Allup sabía que era ahora o nunca. Que tal vez en mucho tiempo no se le presentaría otra oportunidad similar. Por ello, insistió en la Ley de Amnistía y al tiempo que recogió la idea de Maduro de formar una comisión de la verdad (nada nuevo en realidad), que aborde los hechos sin dejar de lado víctimas y victimarios de la violencia de 2014, le apuntó que ojalá y se conformara, pero que investigara sin parcialidad, pues de los 49 muertos que el Gobierno le atribuye a la oposición, lo cierto es que la mayoría fue producto de la represión policial y militar.

Y allí estaba el ministro de Interior. Y allí estaba el Alto Mando Militar. Y los militares, los jefes de la Fuerza Armada, tuvieron que escuchar que esta es la Fuerza Armada Nacional a secas, sin apellidos, y no beligerantes y que como tal se le debía al país y no un partido. Ya entonces había advertido lo del golpe de Estado. Porque desentonado, Maduro, ante la propuesta Borges sobre la propiedad a los beneficiarios de la Gran Misión Vivienda, dijo que pasaría solo si lo tumbaban, solo si le daban un golpe de Estado, y lo dijo rabiosamente: No y No y No. Golpeando el podio. Quería expresar fuerza y más bien parecía un mandatario al margen de la majestad.


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